Difunde el evangelio, no el coronavirus

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La historia nos enseña que los acontecimientos lo suficientemente importantes como para impactar e interrumpir la vida cotidiana a menudo conducen a la innovación y a nuevas formas de lograr los mismos objetivos o volver a aclararlos. No importa cuán doloroso en ese momento, estas cosas pasan; pero lo que queda al final es el legado en el comportamiento de la gente y la sociedad.

Justo ahora estamos viendo que se cancelan eventos, que las formas de trabajo están cambiando y que muchas personas están cuestionando qué es lo que realmente importa. Son momentos como estos los que nos obligan a reflexionar sobre las ideas principales que nos llevaron a nuestras formas actuales de hacer las cosas.

Como cristianos y miembros de la iglesia no estamos exentos de esta interrupción actual. De hecho, el COVID-19 puede afectar a las iglesias que están centradas en organizar eventos.

El desafío es que no se trata de los tecnicismos: de si debemos transmitir servicios por internet o agregar desinfectantes de manos en cada fila de sillas. En cambio, se trata de tener una conversación más profunda sobre lo que significa ser la iglesia y cómo podemos usar este fenómeno para aprender y descubrir nuevas formas de lograr objetivos y ayudar a más personas que antes.

Tal vez es hora de que regresemos a lo fundamental para que veamos las cosas de diferente manera y ayudemos a las personas a experimentar nuevas formas de conocer a Jesús, crecer en su fe y hablar a los demás con las buenas nuevas.

¿Qué aprenderemos mientras buscamos soluciones a corto plazo para los desafíos actuales? Quizá sea que es más efectivo conectar a un no creyente a una comunidad por internet. O tal vez nuestros puntos de vista actuales acerca de ayudar a las personas a encontrarse con Jesús serán desafiados cuando lo logremos fuera de los eventos de nuestra iglesia.

En yesHEis, no creamos un medio digital para compartir la fe con este tipo de situación en mente, pero reconocemos que siempre hay nuevas formas para que las personas compartan personalmente a Jesús.

El coronavirus es solo otro recordatorio de que nosotros, la iglesia, tenemos otros medios para tener conversaciones significativas sobre Jesús, independientemente de las limitaciones y restricciones físicas.

Cuando todo esto pase, no podemos esperar que las cosas vuelvan a ser como eran antes. Después de que los cristianos vean el servicio de la iglesia por internet, ¿volverán alguna vez a su asiento dominical? Al menos yo no me he sentado en un banco en años, ahora que tengo mayor acceso y experimento menos inconvenientes cuando navego en internet.

¿Nuestras soluciones a corto plazo afectarán nuestras propias perspectivas de ver lo digital como un ≪complemento≫? ¿Habrá un cambio fundamental en la forma en que vemos a las personas, las reuniones de la iglesia y el discipulado de los creyentes?

Estas son interrogantes, pero no deberían evitar que aprovechemos estas oportunidades y reformulemos las ideas centrales de qué significaser la iglesia, en lugar de gastar energía en los métodos antiguos.

Así que, aprovechemos esta increíble oportunidad que tenemos de acceder a las personas y, con fe y confianza en Dios, permitámonos ser conducidos a una nueva temporada que tiene más de lo que podríamos soñar o imaginar.

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