¿Estás omitiendo al Espíritu Santo?

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¿Alguna vez te has puesto a pensar en cuán extraordinario es el concepto del Espíritu Santo? Podría ser el concepto más singular alguna vez presentado a la humanidad.

El concepto puede ser resumido por la noción deEmanuelen la Biblia, que significa que “Dios con nosotros” está presente y activo. No solo a nuestro alrededor como una fuerza cósmica, sino como una persona dentro de nosotros; claramente diferente a nosotros, pero aún así, integrado tan complejamente en nuestro ser que dos mil años de estudio solo han producido más preguntas que respuestas.

El Espíritu Santo puede ser el componente más ingenioso y único del ministerio de Jesús.

Una entidad que reside en el alma humana, que inspira, guía y nos ayuda a ser más y más como el dador del Espíritu: Jesucristo. Incluso más impresionante es que nuestra propia persona renace por la presencia de este ser dentro de nosotros.

Hay muchos líderes que pueden compartir su visión y motivar a sus seguidores. Pero solo Dios puede darnos un poder intero para alcanzar el desafío que nos ha puesto al enviarnos al Espíritu Santo para empoderarnos y guiarnos en Su propósito divino. Ningún otro profesor, líder, gurú o Imam ha cumplido esta promesa. Pero Cristo nos asegura que no solo somos transformados al escuchar sus palabras, sino también por su propia persona: Su Espíritu trabajando en nuestras vidas.

El Espíritu Santo te da el poder de promover el reino de Dios de la manera que Jesús hizo, y el consejo y la sabiduría para ejercer el poder con su integridad y compasión.

Al tener a Jesús en nuestras vidas y estar conscientes de su mensaje, puede ser fácil omitir la necesidad del Espíritu Santo. Es así como intentamos lograr con nuestras propias fuerzas lo que Dios quiere que cumplamos con el Espíritu. Antes que los discípulos fueran enviados a compartir el mensaje, ellos tuvieron que esperar el bautismo del Espíritu Santo. ¡Y eso que ellos estaba al tanto de las enseñanzas de Jesús día a día! No tenemos ninguna esperanza de cumplir la misión sin el Espíritu Santo.

Un cristiano sin el Espíritu Santo activo en su vida es como un carro que no se mueve: deja de cumplir su propósito.

Necesitamos que el Espíritu Santo nos ayude a compartir de Jesús así como necesitamos aire en nuestros pulmones. ¿Lo habías olvidado? ¿Estás tratando de actuar como Jesús, pero aún te falta llenarte con el único agente de transformación que puede hacerte como Cristo? Tal vez sea tiempo de que vuelvas tu mirada al Espíritu Santo…

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