¿Por qué Dios permite la maldad?

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El dilema de la maldad ha obsesionado a los teólogos, filósofos y cristianos por cientos de años. Es la munición con la que cargan las pistolas de conversaciones de quienes argumentan en contra del cristianismo.

Casi todos los días escuchamos acerca de desastres naturales, terrorismo y tragedias muy grandes. Sin importar cuál sea la situación, el sufrimiento que causan los hechos de la maldad, dejan a la gente impactada, afligida, molesta y estupefacta. Las lágrimas salen libremente y los corazones cargan dolores profundos por lo que les ha sido arrancado.

Con tanto dolor que nos sensibiliza, la gente comienza naturalmente a hacer preguntas como estas: ≪¿Por qué Dios permite que sucedan cosas malas?≫ o ≪¿Si Dios es tan poderoso y bueno, por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?≫ Estas son preguntas válidas que merecen respuestas en tiempos de dolor y deben ser respondidas con sinceridad y verdad.

Primero lo primero


Antes de que podamos responder la pregunta de la gente acerca de ≪¿Por qué Dios permite la maldad?≫, necesitamos determinar lo que ellos creen acerca de Dios. Si les preguntamos: ≪¿Crees que Dios existe?≫ podremos determinar rápidamente su posición.

Si no creen que Dios existe, o no están claros acerca de quién es Dios, entonces responder a la pregunta ≪¿por qué Dios permite la maldad?≫ se convierte en una discusión infructuosa. Dedica primero un tiempo para compartirles quién es Dios. Si creen que Dios existe, de nuevo, es mejor pasar un tiempo previo compartiendo acerca del carácter y la personalidad de Dios.

Compartirles acerca del carácter de Dios ayudará a traer claridad y comenzará a responderles la pregunta de por qué Dios permite la maldad.

Acerca de la maldad


Fue el asunto de la maldad lo que llevó en principio al autor y erudito C.S. Lewis hacia el ateísmo. Sin embargo, luego de reflexionar, Lewis comenzó a ver que si no existe un Dios, entonces no existe la maldad tampoco. Él escribió: ≪La maldad solo puede ser conocida y medida cuando hay un estándar de bondad. Apartados de Dios y la moralidad que fluye de Él deja de haber un estándar — entonces deja de haber maldad, pero en nuestros corazones sabemos que no hay dudas — la maldad es real≫. Su conclusión de que la maldad es real, prueba la existencia de Dios.

Libre albedrío


Fuimos hechos a imagen de Dios (Génesis 1:27) y Él nos ha dado libre albedrío de decidir cómo actuamos y la habilidad de tomar decisiones morales (Génesis 2:16). Cada uno de nosotros tiene la capacidad de tomar decisiones egoístas, malvadas y centradas en nosotros mismos. Cuando eso pasa, las personas resultan heridas. Hacer nuestra propia voluntad es mucho más común y definitivamente más fácil.

No podemos culpar a Dios por las tragedias en nuestro mundo, debemos más bien culparnos a nosotros mismos o a quienes han ignorado quién es y lo que Él es (Dios).

Creados con un propósito


Dios nos creó con un propósito (Efesios 2:10). Él nos creó para conocerlo a Él y disfrutarlo; para vivir y darle gloria y honor a Él. Si miramos alrededor en nuestra sociedad, es fácil ver que la humanidad no le está dando la gloria a Dios. Hay una especie de ruptura en el mundo. Lo vemos en cada acto de maldad del terrorismo, lo vemos en la guerra, la violencia, el abuso, el engaño y la traición.

El problema del pecado


Si ignoramos a Dios, podemos buscar en lo alto y lo bajo la razón de el abatimiento, pero la verdad es que el problema es espiritual. De veras, nosotros somos el problema (Romanos 3:23). No hemos vivido para Dios, no hemos seguido Sus reglas, hemos hecho las nuestras. No hemos valorado el tener una relación con Él. La Biblia llama a esto, pecado. El pecado es alejarnos de Dios, tratar de hacer la vida a nuestra propia manera. El pecado es tomar el título de Dios y colocarlo sobre nosotros. Es por el pecado que como humanidad nos hemos vuelto hostiles y no solo hacia Dios sino hacia todos. La Biblia lo dice, que la consecuencia del pecado es la muerte.

La rectitud de Dios


Cuando preguntamos: ≪Si Dios es tan poderoso y tan bueno, ¿por qué permite la maldad?≫ Estamos haciendo la pregunta incorrecta. Lo que deberíamos preguntar es: ≪¿Cómo es que un Dios Santo y Recto, conociendo la maldad que pensamos, dijimos o hicimos ayer, no nos mata hoy en la mañana?≫ Si no hacemos esa pregunta, continuamos evadiendo nuestra responsabilidad en cuanto al problema que es el pecado. Pensamos que el problema está en Dios y no en nosotros.

Al afirmar que Dios debe eliminar la maldad, estamos creyendo que hay alguien, en alguna parte, lo suficiente bueno para no merecer la consecuencia del pecado.

La supremacía del hombre


Cuando hacemos la pregunta: ≪¿Por qué Dios permite la maldad?≫, estamos preguntando desde la posición de creer en la supremacía del hombre, y entonces sería: ≪¿Cómo se atreve Dios a no usar su poder en favor del todopoderoso ser humano?≫ Si nos devolvemos esa pregunta, si nos la hacemos a nosotros mismos, desde la posición de creer en la supremacía de Dios, entonces más bien sería: ≪¿Cómo me atrevo yo a desplegar mi poder como si yo fuera el todopoderoso Dios?≫

El verdadero problema


El problema real somos tú y yo. El problema con la maldad y el sufrimiento somos nosotros. En nuestro libre albedrío hemos escogido desobedecer a Dios. Comenzamos con creernos el ser supremo y no en Dios como el ser supremo. Juzgamos a Dios de acuerdo a cómo maneja nuestras cosas para el mundo. Caemos en la mentira de creer que somos lo más importante y como resultado queremos a un Dios que es omnipotente (todo poderoso) pero no soberano (en autoridad). Si Dios es omnipotente pero no es soberano, Él está a nuestro antojo, pero si Dios es ambos omnipotente y soberano, entonces nosotros dependemos de su misericordia.

Dios permite la maldad en el mundo, pues si la eliminara, Él nos tendría que eliminar a nosotros también, ya que somos malvados por herencia a causa del pecado.

El carácter de Dios es que Él es omnipotente y soberano, pero también es amoroso y si nos rendimos a Él, Él es fiel y justo, dispuesto a perdonarnos nuestros pecados y a purificarnos de toda maldad y desacierto. (1 Juan 1:9). Es rindiéndonos a Cristo que podemos derrotar la maldad.

En lugar de culpar a Dios y cuestionar Su razonamiento sobre la maldad, debemos agradecerle por Su bondad y promover Su cura para la maldad y sus consecuencias: ¡Jesucristo!

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